El invierno El invierno se ha teñido de sus sombras, sólo la escoba vieja barre con su sonido de polvo, de trabajo para nadie, en la amargura de sentirse herida, sin que nadie la comprenda. Tiembla sin hojas el árbol herido acostumbrado a la belleza de su ser puesto en ramas de su soltura solemne y milenaria testigo de los siglos del pasado. El invierno es el vacío solitario de los espejos que ya no reflejan de los relojes que ya no funcionan del cielo gris que se torna pesado con las horas que se arrastran en suplicio como rogando ser llevadas a otro tiempo. Tengo el círculo de la cabeza oxidado cubierto de rejas yuxtapuestas que me cierran el paso a las ideas y el delirio fatal de la ventana es uno en el paisaje de mi tierra. No es el llanto, es la risa lo que extraño es el canto de las estrellas cuando no puedo dormir es el silbido sigiloso de la noche es el patio colmado de luna son los grillos que murmuran su canto su hueco de aire y marfi...
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África África, felina inventada, ojos de cuerda, orejas de cuna. África, sirena nocturna, minina sagrada, cabeza de luna. ¿Desde qué remotas tierras has llegado hasta aquí? ¿Por qué has venido a este mundo que no sabe quererte? ¿Te irás alguna vez? ¿Volverás a tu origen? No te vayas, princesa, no me dejes nunca. Y si debes partir, ¡lleváme con vos! ¡A no importa dónde! África, leona viajera, indiscutida reina de los tejados celestes, orbitas en la noche como una musa salada. Sombra del tiempo, suspiro de estrella, tu ronroneo solitario se convierte en orquesta. África, gata azulada, intrépido ser de sencillos placeres. Hundir mi mano en tu tibia espesura, es como acariciar un susurro de liebre. África, reinás sobre los astros, sin saberlo, los gobiernas. Con tus garras inofensivas de leona te aferrás a las frazadas como abrazándolas, y yo, te contemplo estupefacta, emocionada de tan simple belleza. Mis lágrimas serenas ...
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Tarde nevada Isamel estaba sentado solo sobre un banco de mármol. El frío lo obligaba a sentarse en una sensación casi fetal, como abrazándose a sí mismo. Estaba vestido con su traje de siempre, fúnebre e impecable, con su chaqueta de algodón gris y su enorme sombrero acaudalado. No tenía guantes ni bufanda porque esas ropas no eran usadas por los hombres de su edad en esos lados y en esos tiempos. Sus típicos anteojos combinaban con su barba seca y enorme, que le cubría todo el cuello y le daba un aspecto solemne e inspirador. Ismael observaba la nieve que caía a su alrededor como si mirara una película muda. Sentía el placer egoísta de sentirse solo con la nieve, se creía dueño de aquél paisaje gris e invernal que a pesar de que lo obligaba a sentarse en las más extrañas posiciones, también le transmitía una tranquilidad profunda. Aquella mañana, Ismael había salido de su casa, decidido a hacer algo muy importante y trascendente para su vida, es decir, para todo el universo. I...
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Esa noche, Luis se quedó en el hotel. Se encontraba solo por primera vez en su vida, sin ningún lugar al que ir, sin ningún bar a dónde ir a tomar esas copas eternas que lo acompañaban durante todas las noches. De forma absolutamente casual yo también me quedé sola en la habitación esa noche. Hacía mucho frío, las paredes mismas temblaban, había un viento a ráfagas feroces que todo lo cortaban y no había hecho tanto invierno en muchos años. Fue por eso, supongo yo, que Luis y yo decidimos quedarnos en el hotel, aunque estábamos en habitaciones separadas. Él estaba en la habitación número nueve y yo en la once, y la habitación diez, nunca supe por qué, estaba siempre vacía. La diez era el único lugar que se hallaba totalmente cerrado a los huéspedes, a pesar de que el resto del hotel estuviera repleto. Como contaba, esa noche fría de agosto, Luis y yo estábamos solos por primera vez en el hotel. En nuestras habitaciones, claro. Yo dudaba en invitarlo a la mía a tomar una copa o no. Él m...
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Debo resignar algunas cosas si pretendo ser feliz. Simplemente, porque no puedo hacer todo lo que quisiera, puesto que para ciertas cosas tengo una férrea disciplina y para otras no me alcanzan la persistencia y el conocimiento. Quizás es muy fácil decir esto sentada en una cama cómoda y sin ninguna preocupación, quizás suene sencillo decir que se resigna a cosas importantes desde el banquillo de la comodidad. Pero no es fácil, más bien, es pesado y doloroso. Resignar una parte de mi, para siempre. Ahora que hablé con ella, me siento viva. Reafirmo lo que dije antes: tengo que resignar ciertas cosas. Pero ahora ya no hablo desde la comodidad, hablo desde la desesperación. No voy a ser nunca la princesa encantada que creí ser, voy a conservar siempre ese dejo de melancolía, esos aires de pobreza. Quién soy? A qué estoy dispuesta? Para qué seguir?. No por mí, porque ella me necesita. Ella es la reina absoluta de mi vida, no soy yo. Y mis ganas de escribir novelas?. Esta vez voy a t...
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El lirio se ha vuelto sombra sin avisar. Los juguetes fueron incendiados. Todo ha muerto menos yo. Quizás por algo estoy viva. Quizás estoy viva para poder escribir sobre todo esto. Sobre la maldita infancia que se acostumbra a torturarme, que no me deja en paz ni cuando la nombro, no me da calma. Voy a resistir por inercia, en el fondo nací cobarde. Es absurdo. No puedo escribir porque no sé qué quiero decir y si lo supiera, no sé si lo escribiría. Hacer, eso es todo.
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La mañana es otra vez naranja y fresca como una fruta húmeda. El sol ha cortejado la casa, cuyas paredes se acostumbrarán siempre al silencio. La tarde está callada. Las muñecas están muertas y solamente yo desempolvo el vestido gris y comienzo a dar vueltas en el comedor que está vacío pero no lo está. Tengo el breve impulso de pensar que alguien me mira, que alguien está haciendo de mi un ángel macabro. Yo callo y esta vez cierro además los ojos. Tengo miedo y no lo tengo. El monstruo acelera su risa malvada mientras giro sin parar, ahora lo oigo gemir claramente entre los libros de la biblioteca. No voy a mentirme, lo quiero, quiero que haga de mi esa presa que aún no soy, que me enseñe lo que es el dolor, lo que es la humillación, lo que es el silencio. Pero él se va y me quedo sola todavía girando. No hay jazmines en las macetas, solamente polvo, papel, olvido. Esas tardes melancólicas que podrían ocurrir en miles de lugares, tuvieron lugar para mi en un departamento. Y uno simple...