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Lluvia

Llegó el otoño vestido de un viento brutal, llevándose todo por delante. Más que fresco, frío, silbidos y lluvia gris, hacen de esta mañana un paisaje sombrío y solitario.  Hoy me quedé en casa. Me duele el estómago, el abdomen. Y además, necesitaba descansar. Descansar de mí, de mis pensamientos y emociones. De mis preguntas que me acorralan una y otra vez: ¿seré yo la que está mal?, ¿será él?, ¿por qué pienso tanto en esto?, ¿por qué le pongo tanta energía a esta relación?, ¿por qué espero demasiado de los demás?, ¿por qué pongo las expectativas tan altas?, ¿por qué nunca soy suficiente?, ¿por qué insiste en vez de rendirse, como me rindo yo?, ¿qué hay en el fondo de todo este asunto?, ¿valdrá la pena?, ¿se me está pasando el tiempo? ¿me quiero mudar realmente?, ¿y si me mudo y sale mal?, ¿y si no me mudo y después me arrepiento?, ¿tiene sentido mudarse así, con todas estas dudas? Mi cabeza no para. Lo busca, lo vigila. Lo quiere y lo rechaza al mismo tiempo. Estoy agotada. Estos...

Interregno

Revisar un celular no es la primera opción, es siempre la última: cuando no hay nada más que preguntar y se trata ya de ir a buscar. Yo hice eso: fui a buscar, fui a ver qué había ahí, además del silencio, y lo encontré. La misma persona que vi en otro celular en febrero, estaba ahí en marzo, en abril, y va a seguir estando. Y yo no soy una persona a la que le gusten los fantasmas. Es más: no los soporto, me causan estornudos, hacen que me sangre la nariz. Quizás alguien que no sea yo podría tolerarlo, de hecho, podría aguantarse las ganas de revisar un celular, y dejar que pase... total, no es nada "importante", es "una boludez". Pero por algún motivo yo no, yo no puedo olvidarme de esas palabras que leí, esas cuatro palabras terrible, cada una como un estacazo en el corazón, simplemente no puedo hacer como si eso que vi no hubiese existido. Yo necesito siempre saber, me obsesiona la verdad. ¿Saber qué? Saber qué pasa, si me quieren en serio. ¿Y qué es querer en se...

Al final aún no hubo mudanza

Nada más que un sueño lindo...una fantasía, perfecta, irreal...nada más No hubo mudanza porque no hubo ni habrá respeto ni deseo ni amor no puedo escribir triste  ni enojada no sirvo esto es terrible quiero que venga quiero que desbloquee el celular quiero mostrarle esa conversación quiero que me diga qué esperaba quiero que me diga por qué lo que más me entristece es que ahora sí, realmente, no hay solución no hay posibilidad de arreglar nada yo sabía en febrero lo supe dolorosamente en marzo lo confirmé por eso tanto apuro en mudarse solo por eso  es horrible darme cuenta de que tristemente yo tenía razón de que no me quiere ni me desea me voy a separar lo sé porque no tengo opción porque siempre esa piba va a ser un fantasma  y yo no sé ni puedo ni quiero  vivir entre fantasmas entre espectros ecos voces demasiado mal lo pasé ya el año pasado y el anterior y el anterior como para pasar también mal éste no puedo más estoy harta cansada exhausta no puedo seguir sost...

Diario de una mudanza III

  Otra vez sin dormir. Estornudos, carraspeos, movimiento aquí y allá, que apago el ventilador, que lo prendo, que lo apago otra vez... que la luz. Dormí todo entrecortado. Tengo el cerebro derretido. Yo no sirvo para ésto. Para dormir con alguien que no sea mi almohada de apego. No puedo y ya. Me despierto ante el más mínimo ruido, la más mínima luz, el más pequeño movimiento. Siento que todo este proyecto de vivir juntos todavía no empezó y ya es un rotundo fracaso. Me siento perdida, frustrada...¿cómo no me la vi venir?, ¿cómo pude ser tan ingenua de pensar que iba a poder con estas cuestiones de la domesticidad? yo, justo yo...que me inventé un palacio de hierro donde no quiero que nadie entre... en fin. Lloré durante toda la mañana. Como dos horas lloré. Después logré dormir una siesta y me sentí mejor, mi cerebro está un poco más liviano. Me pregunto cómo hacen las personas para dormir juntas todas las noches...¿a quién se le ocurrió esa idea, tan humana y tan estúpida al mis...

Diario de una mudanza II

Otra vez esa música culiada. Pink Floyd un sábado al mediodía. En serio? No, no puedo, es demasiado! Eso es para escuchar de noche... o un domingo... para el corchazo. Los sábados a la mañana o mediodía se escucha música bien arriba. Es decir, salsa, cumbia colombiana, los mirlos...algo así. Es el mejor momento del día, todo es sol, no aparecen todavía los problemas, la ciudad recién se está despertando. A mí me encanta levantarme, hacerme un mate con arepa, huevo revuelto tomate y palta y ufff...tremendo desayuno/almuerzo. Por eso digo, con semejante shock de energía no puedo escuchar Pink Floyd, me tira para abajo, me deprime. A la tarde se puede escuchar algo tranqui tipo...no sé, pop, bossa nova. A la hora de la merienda se puede ir bajando el ritmo...quizás una samba, algún jazz viejo... Y a la noche sí, rock and roll y sus derivados, o tango, folclore, o incluso trova. En resumen sería: de día, música "superficial", de noche, música "profunda"...o algo así, po...

Diario de una mudanza I

Mientras el vendedor nos mostraba los sillones, señalándolos y explicando sus tamaños y texturas, dijo de pronto: "o sino tienen ese, color uva". Y bastó solamente con esa palabra, para que todo alrededor, se encendiera. Esa palabra fue como un hechizo y sí, efectivamente aquél sillón era color uva, no violeta, tampoco morado y muchísimo menos bordó, era color UVA, una uva hecha y derecha y ahí estaba, como esperándonos hasta que dijimos al unísono que sí, que queríamos ese sillón color uva y mientras hacíamos los trámites de la compra, me sentí feliz de tener un sillón, encima nuevo y para colmo, color uva, uvísima. Me lo imaginé en un rincón del living, apoyado sobre la pared, emergiéndole ramas y sarmientos y hojas verdes hasta el techo, haciéndose cada vez más amplio, acolchonado y vivo hasta que luego de varios meses, le salieran las uvas y se enredaran más y más por todo el departamento y escalaran por el patio y crecieran hasta el balcón de los vecinos que indudablemen...

viajar es fácil, volver es lo difícil

Volví radiante, plena, ansiosa de mi casa, de mi barrio, los aromas de mis calles, mi Buenos Aires querida. Europa, la vieja y clásica Europa, es bellísima pero distante. Allí la gente no pregunta, no cuestiona, no se abraza. Me sentí sola, más sola que nunca antes, y comprendí cuánto quiero a mi ciudad y a la gente que me rodea y (para mi sorpresa), supe valorar lo hermosa que es mi vida (le falta mucho, pero tengo cierta paz y eso es impagable). No me reconozco diciendo que tengo paz. Todavía no me lo creo. ¿Seré yo todavía?