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el alimento prohibido en navidad

la sangre cae de a poco, de a gotas, como un rocío de primavera

este libro no cabe en ninguna biblioteca

hoy desperté con flores en los ojos harta del silencio abrasador del mediodía, con un sol alto, imponente impaciente por entrar por la puerta verde de mi cuarto verde por toda la casa corre una brisa suave que acuna los pensamientos el techo abierto, el paredón blanco, la luz dibuja formas entre los árboles del patio. nada pasa, o quizás todo. En esta casa hay un rumor que no conozco. me asusta la felicidad de encontrarme alegre me alivia la tibieza soleada de la atmósfera barrial una música lejana, ningún auto, un ladrido. Un mate amargo que preparo festejando para mí, que me urge la vida.

l u n e s

de nuevo es lunes. Hace un calor enorme, húmedo, las nubes aplastan. La ciudad es gris, monótona, vacía.  Resuenan todos los ruidos posibles y al mismo tiempo hay algo que calla, nada pasa. La gente sola camina. Almuerzan hablan por celular. Conversan. pero yo agarro un balde verde y  vierto desde el balcón  los restos del domingo.

augurios

En la arboleda más triste del mundo habitan unos seres incomprendidos y ajenos a estas tierras llanas y extensas. Son los pequeños augurios con forma de estrella y con una lengua larga, muy larga, y salada como el mar. Son azules y pintorescos, y a veces se pueden volver transparentes, cuando se precipitan sobre los transeúntes abriendo sus alas pequeñas y cayendo en picada sobre las cabezas de aquellos que pasean por el camino principal de la arboleda rodeado de rosas azules y silvestres, en las eternas tardes de calor agobiante y que generalmente, son jóvenes enamorados que se toman de la mano y que recitan palabras que les dictó de memoria su corazón durante la noche anterior. No hay nadie que sepa sobre estos seres. Solamente sabe sobre ellos el Dios Olvidado. Es un Dios que está triste porque ya nadie lo venera. Porque los humanos se han puesto a hacer otras cosas más importantes que creer en él y ya nadie se acuerda de rezarle, ni de evocarlo, ni siquiera ante la más devasta...

Veinte TIPS para las jóvenes que quieren viajar a Europa y no tengan un mango:

1) No desesperar. Nadie viaja a Europa con el corazón atragantado en la garganta y a punto de descomponerse de los nervios. Se debe ser paciente, muy paciente, y procurar evitar tener accidentes, quedar inmovilizada de por vida o ciega, y tomar todos los resguardos necesarios para no morir repentinamente, mientras se realizan todos los preparativos. 2) Conocer gente que haya viajado a Europa y que sea casi tan pobre como usted: las experiencias ajenas acerca de las múltiples estrategias y variantes que los seres humanos de Buenos Aires tenemos para arreglárnosla como sea y partir hacia el primer mundo son siempre más que inspiradoras. También conozca gente que tenga mucho dinero y que por eso haya podido viajar. Pregúntele de dónde sacó o cómo hizo tanto dinero y considere seriamente dedicarse a la actividad mencionada.  3) Esté al tanto del precio del dólar y del euro los descuentos en los pasajes de avión, la cantidad de millas y horas de vuelo, seleccione en su cabeza ...
él y su risa de pájaro silvestre sus ojos enormes, largos que no tienen fondo sus cabellos oscilando frente al mismo viento suyo su frente áspera su boca inmediata sonriendo sin fin, atesorando algún misterio una especie de clavícula en su cuerdas de guitarra vocales que evoca su voz QUE VIBRA que vive que aguarda

Soñar con el Caribe

Soñar con el Caribe es como viajar gratis durante algunas horas y sin tener que hacer las valijas. El mar era turguesa y transparente, casi parecía ficticio, al igual que la arena que era blanca y frágil como si estuviera hecha de polvo de huesos de gaviota. Había algunas palmeras que acomodaban el paisaje para convertirlo en una postal turística. Y yo estaba allí, alegre, impresionada, conmovida ante semejante maravilla de la naturaleza, que sobrepasaba absolutamente todos los límites de mi imaginación y superaba por demás mis expectativas. Y sin embargo, allí, en ese lugar soleado, oceánico y único, yo no era feliz. No lo era. Sufría en soledad algo que callaba en el fondo, muy adentro, como si me apretara en los pulmones algún bicho de mar extraño. Yo veía a los demás jugar y divertirse enérgicamente entre las olas. Y yo no podía. Una fuerza extraña me impedía reír, ni siquiera ya entusiasmarme. En mi sueño yo me daba cuenta de que no pertenecía allí, que al final, había sido todo ...