Sólo personas tocando el sikus y niños sucios que bailan. Las vías ya no son suficientes. El tren pertenece al siglo XX, como el fútbol y las radios eléctricas
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No es necesario darle tantas vueltas a las cosas. A veces solamente es un fin. Y está bien que así sea. Así soy. Así vivo. De punto en punto, de final en final. Y soy capaz de asumirlo, tranquilamente. Haciéndolo totalmente parte de mí. Me siento ajena a ese mundo vacío de contenido, de palabras. Tan distinta. Ni mejor, ni peor. Sólo distinta, como si no encajara. Como si no fuese a ser nunca lo que esperan de mí. Y es muy terrible la sensación no estar nunca a la altura, no llegar jamás, de verlos en silencio, mirándome sin verme, sin decir nada, ese silencio terrible de mil palabras estúpidas, ríos conceptuales con vertientes conocidas y estudiadas, con párrafos predeterminados, como un check-list de palabras que "hay que decir". ¡Qué absurdo! Ellos no vivieron nada, no conocen la sed, la muerte. La desesperación. Eso es lo que te cambia la vida en el fondo: estar desesperado. Una no mira el mundo con los mismos ojos después de tener en brazos el cuerpo frío de tu abuelo, d...
Todos los sábados por la noche, la misma historia. Desesperada, inútilmente te busco: en el humo frío de los escenarios, en el incierto tembladeral de luces, en las piezas retorcidas de las cuerdas que no logro descifrar. Pienso en vos en las esperas eternas en las barras, en la fila del baño, mientras la música vuelve. En todas las canciones, en algún lugar estás. Pero siempre lejos de mí, perdiéndote. Mis amigos me hablan pero yo no sé qué dicen. No me interesa. Entro a las redes, miro las fotos felices y no me importan en absoluto. Solamente vos estás en mi cabeza, en mi columna, en todos mis huesos. Sólo vos estás atravesado acá, en la piel, en la garganta. Tus ojos fijos mirándome. Tus ojos para siempre. No existe otra cosa, no tengo otra cosa, nada más el recuerdo de tus ojos en los míos enseñándome el amor. Tus dos ojos contra el mundo... Y es tan terrible el mundo...
Posiblemente ahora. Con esta luz celeste colándose por las ventanas. Un coro de pajaritos chilla desaforado. Interrumpieron mi sueño hace un rato, mientras viajaba en trolebús por las calles húmedas de Lisboa con mi madre. Un sueño dentro de otro sueño.
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