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el lenguaje

El lenguaje es el mayor de todos los idiomas. Es el tiempo de todos los pájaros, es el alcance de todas las cosas. El lenguaje es libre. Es la más libertaria de las artes y por eso, la más bella y sublime. No tiene límites, ni censura, ni anhelos incumplibles, ni reglas físicas, ni espacio. Es el templo de los niños, el corazón sangrado de los seres, el sonido del mar está hecho de lenguaje. El lenguaje nació para mi una noche de verano profundo en el centro de la ciudad de San Bernardo, que está situada en las costas del Mar Argentino. Antes de la cena, me llevaron de paseo a un parque de juegos infantiles y -supongo que por decisión mía-, me encontré de pronto montada sobre un largo y precioso cisne de mármol. Era un cisne blanco, enorme, y tan bello y bien formado como si fuese de verdad, a pesar de que nunca había visto uno. Su cuello con forma de ese, se erguía con una elegancia irrepetible, su cabeza de pato miraba serenamente al frente, pálida e inmóvil. Yo estaba sentada j...

Primavera

De pronto, del sendero han brotado  los múltiples ramos de flores lilas, verdes, rojos, naranjas, que ha traído la estación, junto al sol imponente. Es como si la naturaleza al fin pudiera desplegarse, ser más bella, más real como si no hubiese filtros, ni sombras, como si los inmensos paisajes de campo fueran solamente éstos y no aquellos otros, cuando están tristes y nublados. Los pájaros emiten su canto infaltable, lo colorean todo con su sonido. Los arbustos emergen continuamente, Y no hay animal que falte, en ningún lado. Los seres que habitamos la tierra, Los que hemos tenido la dicha de disfrutarla, amamos la vida. Porque, y no temo decirlo, Por más guerras y desastres, Por más muertes y precipicios, ¿Quién se siente sólo bajo un árbol, Ante la mirada definitiva del sol, Sintiendo la suave brisa matinal, Junto al sendero, frente a esa vida, colmada de frutos?
Atardece, los violines celestiales se chocan, se agitan, el manto rojo se revuelve, se mezcla, se funde y se confunde, se torna de rojo a naranja, de rosa a violeta, se transforma y desenvuelve en sí mismo. Es el estruendo especial de todas las luces. La tarde está cayendo, el sol está torcido.
Un hermano perdido está bailando en mi cabeza. Y todo su cuerpo, sus manos, su camisa húmeda de transpiración, me llevan al compás de esa música brillante e infinita que se cuela a través de todos nuestros sentidos, quizás fantaseando con complacernos demasiado. Él es mi sangre, es mi tesoro perdido en el país de la infancia. Es el ser que habita las praderas profundas del viento, es aquél que nace siendo sombra para convertirse en una galaxia profunda e infinita. Él existe en mi cabeza y por eso lo estoy creando, lo estoy amando sin amarlo, sin conocerlo, sin poder ponerle un rostro y apenas un nombre, "Nico". Él es la fuerza que yo no tengo, es el espacio de las sobras que fui dejando inertes en el paraíso terrenal. Me pertenece. Es un hombre y me pertenece en absoluto, me deja refugiarme en sus brazos, sus dos únicos brazos que se despliegan ante mí maravillados de tristeza y de amor y me abrazan y me besan solamente con sus ojos. Su existencia es consoladora, es reconfort...
Necesito reconciliarme otra vez con sus abrazos, sus olores, sus dientes móviles del vaso de agua, la profunda soledad de las tardes y el café tostado de las mañanas. Mis abuelos fueron un ensueño en las horas de dolor, un profundo jardín agitado de aromas en donde deseaba jugar siempre. Y he perdido con ellos la nostalgia, me he ido dando cuerda a mí misma sin pensar, suponiendo que la vida se trata de sobrevivir. Mi abuelo era un hombre tímido, cerrado, aparentemente frío pero tan dulce y cariñoso como un oso de felpa. Pasé con él hermosas tardes en las que me contaba las historias que inventaba, y que eran cortos y apasionantes policiales con rasgos psicoanalistas que yo deseaba escuchar una y otra vez y otra y otra. Mi abuelo regaba sus plantas como en un ritual magnífico, todas las mañanas, las observaba largamente, les arrancaba las hojas secas, limpiaba las verdes con un trapito anaranjado para quitarles el polvo.... ese pequeño patio era también su pequeño mundo, y yo admiraré ...
El invierno El invierno se ha teñido de sus sombras, sólo la escoba vieja barre con su sonido de polvo, de trabajo para nadie, en la amargura de sentirse herida, sin que nadie la comprenda.  Tiembla sin hojas el árbol herido acostumbrado a la belleza de su ser puesto en ramas de su soltura solemne y milenaria testigo de los siglos del pasado. El invierno es el vacío solitario de los espejos que ya no reflejan de los relojes que ya no funcionan del cielo gris que se torna pesado con las horas que se arrastran en suplicio como rogando ser llevadas a otro tiempo. Tengo el círculo de la cabeza oxidado cubierto de rejas yuxtapuestas  que me cierran el paso a las ideas y el delirio fatal de la ventana es uno en el paisaje de mi tierra. No es el llanto, es la risa lo que extraño es el canto de las estrellas cuando no puedo dormir es el silbido sigiloso de la noche es el patio colmado de luna son los grillos que murmuran su canto su hueco de aire y marfi...
África África, felina inventada, ojos de cuerda, orejas de cuna. África, sirena nocturna, minina sagrada, cabeza de luna. ¿Desde qué remotas tierras has llegado hasta aquí? ¿Por qué has venido a este mundo que no sabe quererte? ¿Te irás alguna vez? ¿Volverás a tu origen? No te vayas, princesa, no me dejes nunca. Y si debes partir, ¡lleváme con vos! ¡A no importa dónde! África, leona viajera, indiscutida reina de los tejados celestes, orbitas en la noche como una musa salada. Sombra del tiempo, suspiro de estrella, tu ronroneo solitario se convierte en orquesta. África, gata azulada, intrépido ser de sencillos placeres. Hundir mi mano en tu tibia espesura, es como acariciar un susurro de liebre. África, reinás sobre los astros, sin saberlo, los gobiernas. Con tus garras inofensivas de leona te aferrás a las frazadas como abrazándolas, y yo, te contemplo estupefacta, emocionada de tan simple belleza. Mis lágrimas serenas ...