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Mostrando las entradas de marzo, 2026

Diario de una mudanza III

  Otra vez sin dormir. Estornudos, carraspeos, movimiento aquí y allá, que apago el ventilador, que lo prendo, que lo apago otra vez... que la luz. Dormí todo entrecortado. Tengo el cerebro derretido. Yo no sirvo para ésto. Para dormir con alguien que no sea mi almohada de apego. No puedo y ya. Me despierto ante el más mínimo ruido, la más mínima luz, el más pequeño movimiento. Siento que todo este proyecto de vivir juntos todavía no empezó y ya es un rotundo fracaso. Me siento perdida, frustrada...¿cómo no me la vi venir?, ¿cómo pude ser tan ingenua de pensar que iba a poder con estas cuestiones de la domesticidad? yo, justo yo...que me inventé un palacio de hierro donde no quiero que nadie entre... en fin. Lloré durante toda la mañana. Como dos horas lloré. Después logré dormir una siesta y me sentí mejor, mi cerebro está un poco más liviano. Me pregunto cómo hacen las personas para dormir juntas todas las noches...¿a quién se le ocurrió esa idea, tan humana y tan estúpida al mis...

Diario de una mudanza II

Otra vez esa música culiada. Pink Floyd un sábado al mediodía. En serio? No, no puedo, es demasiado! Eso es para escuchar de noche... o un domingo... para el corchazo. Los sábados a la mañana o mediodía se escucha música bien arriba. Es decir, salsa, cumbia colombiana, los mirlos...algo así. Es el mejor momento del día, todo es sol, no aparecen todavía los problemas, la ciudad recién se está despertando. A mí me encanta levantarme, hacerme un mate con arepa, huevo revuelto tomate y palta y ufff...tremendo desayuno/almuerzo. Por eso digo, con semejante shock de energía no puedo escuchar Pink Floyd, me tira para abajo, me deprime. A la tarde se puede escuchar algo tranqui tipo...no sé, pop, bossa nova. A la hora de la merienda se puede ir bajando el ritmo...quizás una samba, algún jazz viejo... Y a la noche sí, rock and roll y sus derivados, o tango, folclore, o incluso trova. En resumen sería: de día, música "superficial", de noche, música "profunda"...o algo así, po...

Diario de una mudanza I

Mientras el vendedor nos mostraba los sillones, señalándolos y explicando sus tamaños y texturas, dijo de pronto: "o sino tienen ese, color uva". Y bastó solamente con esa palabra, para que todo alrededor, se encendiera. Esa palabra fue como un hechizo y sí, efectivamente aquél sillón era color uva, no violeta, tampoco morado y muchísimo menos bordó, era color UVA, una uva hecha y derecha y ahí estaba, como esperándonos hasta que dijimos al unísono que sí, que queríamos ese sillón color uva y mientras hacíamos los trámites de la compra, me sentí feliz de tener un sillón, encima nuevo y para colmo, color uva, uvísima. Me lo imaginé en un rincón del living, apoyado sobre la pared, emergiéndole ramas y sarmientos y hojas verdes hasta el techo, haciéndose cada vez más amplio, acolchonado y vivo hasta que luego de varios meses, le salieran las uvas y se enredaran más y más por todo el departamento y escalaran por el patio y crecieran hasta el balcón de los vecinos que indudablemen...

viajar es fácil, volver es lo difícil

Volví radiante, plena, ansiosa de mi casa, de mi barrio, los aromas de mis calles, mi Buenos Aires querida. Europa, la vieja y clásica Europa, es bellísima pero distante. Allí la gente no pregunta, no cuestiona, no se abraza. Me sentí sola, más sola que nunca antes, y comprendí cuánto quiero a mi ciudad y a la gente que me rodea y (para mi sorpresa), supe valorar lo hermosa que es mi vida (le falta mucho, pero tengo cierta paz y eso es impagable). No me reconozco diciendo que tengo paz. Todavía no me lo creo. ¿Seré yo todavía?