viernes, 14 de noviembre de 2014

La cinta

La cinta estaba lista para ser usada. Abrí el compartimento donde cabía la bobina, lo cerré y apagué las luces. Todo comenzó a brillar frente a mí como en una película. Entonces lo vi todo: esas imágenes celestes se movían mientras yo, sin comprenderlas, me emocionaba. Se escuchaban risas, llantos, juegos, pero sobre todo un movimiento continuo, perpetuo, casi que mareaba. Fue entonces cuando el rollo de cinta comenzó a incendiarse. Giraba cada vez más rápido y yo no la pude parar, las imágenes continuaban, el rollo seguía se desenvolvía sin freno y comenzó entonces a producir un sonido subterráneo, escandaloso que era como un "rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr" que se iba acrecentando. El fuego no cesaba, no se extinguía y yo opté por resignarme, y comencé a ver como las imágenes movidas y vivaces que había visto hacía unos minutos, comenzaba a convertirse en hondos agujeros oscuros, con olor a cinta chamuscada, los rostros se distorcionaban, las risas se convertían en alaridos, era la transformación, era una metáfora fantástica de lo que yo estaba viviendo. Entonces, comenzó a quemarse todo lo que había alrededor, los muebles, los cajones de madera llenos de cintas y yo misma, que de pronto reaccioné, en el último segundo, agarré la cinta todavía en llamas y la lancé por la ventana con todas mis fuerzas. Luego fui a buscar agua y apagué los restos del incendio. Fue la calma. Ahora lo recuerdo como un episodio lejano pero decisivo, de esos cotidianos que encierran en sí tanto simbolismo, tanta certeza. Ahora comprendo que yo había comenzado a grabar la cinta y que por eso, solamente yo, podía terminarla.

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