Ella tiene los ojos hinchados, la cara pálida, las manos flojas. El pelo va y viene, enredado en sí mismo sin saber a dónde ir. Así está ella: derrotada. Tiene la boca cosida con sus propias manos y por su sangre corre un terror abrumador que la agota y la desespera. Yo la vi ahí, en su propio precipio, pidiendo ayuda. Y no pude hacer nada. No hice nada. Eso también soy yo. Un reflejo que late mudo, sin saber qué hacer.
1) No desesperar. Nadie viaja a Europa con el corazón atragantado en la garganta y a punto de descomponerse de los nervios. Se debe ser paciente, muy paciente, y procurar evitar tener accidentes, quedar inmovilizada de por vida o ciega, y tomar todos los resguardos necesarios para no morir repentinamente, mientras se realizan todos los preparativos. 2) Conocer gente que haya viajado a Europa y que sea casi tan pobre como usted: las experiencias ajenas acerca de las múltiples estrategias y variantes que los seres humanos de Buenos Aires tenemos para arreglárnosla como sea y partir hacia el primer mundo son siempre más que inspiradoras. También conozca gente que tenga mucho dinero y que por eso haya podido viajar. Pregúntele de dónde sacó o cómo hizo tanto dinero y considere seriamente dedicarse a la actividad mencionada. 3) Esté al tanto del precio del dólar y del euro los descuentos en los pasajes de avión, la cantidad de millas y horas de vuelo, seleccione en su cabeza ...
La verdad es que sí, a veces los demás tiene razón: vivo la vida rodeada de fantasmas. En sentido real y figurado. A veces me alientan, a veces me castigan, otras veces me estimulan. Pero siempre están ahí. Hablándome. Como si fueran otra voz que no es mi voz, otra conciencia, otra memoria. Mucho mejor que la mía, por cierto. Superior. Como si fuese un narrador mayor quien me escribe. Y yo dejo que me escriban, que hagan de mí lo que quieran. El problema es que no puedo escribir yo. O si puedo, pero no del todo, no como querría. ¿Escribir para quién? Bueno, principalmente para mí. Para decir mi nombre una y otra vez. Para decir quien soy. Este impulso inevitable que se está acercando cada vez más. Y que no para, no cesa. Si lo dejo entrar, me va a tomar por completo, me impulsaría a decir un montón de cosas sin sentido, poseída por una fuerza sobrenatural. Si yo escribiera todo lo que pienso, ya hubiese publicado varias novelas. Por eso tengo que empezar a escribir, aunque no lo e...
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